Lo que encontramos cuando pintamos lento
El sábado pasado llegaron diez personas al taller de acuarela. Ninguna se conocía. A las dos horas, todas compartían pinceles, se reían de sus manchas y nadie quería irse. Eso es loua.
El sábado pasado llegaron diez personas al taller de acuarela. Ninguna se conocía.
A las dos horas, todas compartían pinceles, se reían de sus manchas y nadie quería irse. Eso es loua.
Lo que pasa cuando pintas lento
Hay algo que ocurre cuando te sientas frente a un papel en blanco con un pincel y agua. El tiempo se mueve diferente. La mente que no puede dejar de pensar en pendientes, en mensajes sin leer, en listas que no terminan — de repente tiene una sola tarea: sostener el pincel, ver el color, dejar que el agua haga lo suyo.
No es meditación, aunque se le parece. Es más honesto que eso. Porque en algún momento el color sale diferente a lo que imaginabas, y tienes que decidir: ¿lo acepto o lucho contra él?
La mayoría de la gente aprende a aceptarlo. Eso es pintar lento.
Lo que nos llevamos
Al final del taller, nadie se fue con una obra maestra. Todos se fueron con algo más difícil de explicar — esa sensación de haber estado completamente presentes por un rato. De haber hecho algo con las manos que empezó en ningún lado y terminó siendo algo.
Una persona nos dijo al salir: "No sabía que necesitaba esto."
Nosotras tampoco sabíamos que lo necesitaríamos escuchar.
Loua Studio
Pachuca, Hidalgo